Tenía una pieza de la que estaba bastante orgulloso. Abría la aplicación de vídeo en un navegador, entraba con mi cuenta, colaba las fotos, escribía la petición y bajaba el resultado. Sin tocar yo nada.
Para que funcionara hacía tres cosas que la página no ofrece. Buscaba un selector de ficheros escondido dentro de la página para meter las fotos. Simulaba un pegado para esquivar el diálogo del sistema. Y descargaba el vídeo con una petición interna, pues el botón de descargar no funcionaba en ese perfil.
Tres apaños, y cada uno era la señal. Yo los leía como ingenio.
El 11 de agosto me senté a auditar el proyecto contra las reglas de la casa. El archivo que le dice a las máquinas por dónde no pueden pasar decía justo lo contrario de lo que yo hacía: esa ruta está cerrada al acceso automático. Las condiciones lo prohíben además por dos sitios, porque no se pueden usar medios automatizados saltándose esas instrucciones ni esquivar las protecciones de la página.
Así que la retiré. El código se queda guardado por si hay que consultarlo, pero no se ejecuta.
Lo que se juega ahí no es una cuenta de usar y tirar. Es la mía, con mi correo y mis fotos dentro. Y lo que de verdad se automatiza es la vía que ellos publican para eso, que es la API. La aplicación sigue siendo un camino válido y gratis, pero con mis manos: el sistema me prepara el material en orden, y yo pego y descargo.
La regla escrita no servía de nada
En este canal salen juguetes, no niños. Estaba escrito desde el primer día en las instrucciones del proyecto, y se comprobaba mirando el vídeo cuando ya estaba hecho y pagado.
Ese mismo día encontré dos fotos de referencia del barco con el brazo de un niño sujetando el juguete. Mientras esas fotos solo vivían en una carpeta, daba igual. Pero desde que se adjuntan a la generación, lo que sale en la foto sale en el vídeo.
Una regla escrita en un documento la cumple quien lo ha leído. Así que la bajé a tres sitios donde ya no depende de mi memoria. Un portero mira cada foto antes de que se adjunte y la marca apta, a recortar o rechazada, de modo que sin veredicto no entra. Cuesta cero. El parámetro que impide generar personas menores va ahora en todas las peticiones, cosa que antes no pasaba nunca. Y el revisor sigue mirando el resultado al final, como siempre.
De paso descubrí que solo usaba dos de las cuatro maneras de pedir un vídeo. Me faltaba justo la pensada para mantener idéntico a un personaje en un plano nuevo. Eso lo arreglé el mismo día, y es lo que sostiene el vídeo de abajo.
Lo que me llevo
Ninguna de las dos cosas la encontró el sistema funcionando. Las dos aparecieron al parar y leer las reglas del sitio donde estaba trabajando, con el proyecto en verde y produciendo.
Y me queda una manía nueva. Cuando hace falta un apaño para que algo funcione, el apaño no es el ingenio: es el aviso de que estoy donde no me han invitado.