Mis hijos querían ver vivos los globos que su madre les había pintado en la pared. El mayor me contó la historia del globo loco y yo la grabé con el móvil.
De ahí salió un cuento de veinte segundos. Veinte segundos son dos trozos de diez, y unir dos trozos ya sé.
Los dos llegaron bien. Cada uno por separado era de lo mejor que me ha salido hasta hoy.
Y al pegarlos, el cuento empieza dos veces.
Lo que hice mal sin saberlo
A los dos trozos les di la misma foto de partida y la historia entera.
Así que los dos arrancan por el principio, porque los dos se saben el principio. En el primero el globo vuela solo y a los tres segundos entra la globa, y en el segundo pasa exactamente lo mismo: mismo plano, misma entrada, mismos tres segundos.
Lo comprobé fotograma a fotograma por si era manía mía. Es la misma escena.
El apaño que no existía
Pedí que solaparan un trozo con otro para disimular el repetido, y no hubo manera. No era pereza de la herramienta: es que no cabía.
La voz va de punta a punta. En el primer trozo se habla desde el segundo dos hasta casi el diez, y en el segundo, desde el dos hasta el ocho.
Cruzar el sonido en el empalme se come palabras. Cualquier solape se lleva media frase por delante, y ahí no hay maña que valga.
Acabé abriendo el editor a mano. Sigue sin terminar.
Lo que sí lo arregla
La imagen y la voz no tienen por qué empezar en el mismo sitio.
Del segundo trozo tiré los tres segundos de imagen repetida y me quedé con la voz entera: la imagen entra en el segundo tres y la voz, un segundo antes.
No se nota. Es un narrador contando por encima y no hay ninguna boca que cuadrar.
Dieciséis segundos y medio, el cuento completo, sin repetición y sin editar a mano.
Lo que cambia a partir de hoy
Cuando pida el trozo siguiente, la foto de partida ya no es la del principio: es el último fotograma del trozo anterior. Y en el texto va solo lo que pasa desde ahí, porque lo que se menciona acaba saliendo en pantalla.
Lo otro no es de máquina, es de guionista. Un cuento de veinte segundos no se escribe para llenar veinte segundos: cada trozo tiene que empezar y acabar con medio segundo de silencio.
Ese medio segundo es lo único que permite unir dos trozos sin cortar una palabra.