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Matar al monoLa fábrica
Parte
03
Fecha
23.08.2026

Dónde escribo todo esto, y por qué no es un blog cualquiera

Cuaderno de la fábrica · 23.08.2026 · De dónde salió este sitio, cómo está hecho por dentro y por qué publicar sigue siendo un botón mío

Segundo retrato. Toca la herramienta con la que estás leyendo esto.

De dónde salió

Yo nunca he publicado nada. Tengo LinkedIn desde hace años y me da vergüenza escribir ahí.

En julio decidí que la salida no era ponerme a publicar apuntes sueltos. Era escribir el libro que llevo dentro desde hace veinte años.

De ahí salió esto el 14 de julio: unas memorias por capítulos, en español, con su traducción.

Y una regla que me ha ahorrado mucho tiempo tirado. Primero el trabajo, después el texto.

No hago nada para tener material. Si un mes solo hubo rutina, ese mes no hay capítulo, y no pasa nada.

Qué hay hoy

El sitio salió a la calle el 29 de julio, y el 19 de agosto le compré su nombre propio.

Hay tres cosas dentro, y cada una cuenta algo distinto.

El registro es el libro: cinco capítulos escritos, tres de ellos ya en la calle.

El índice entero está a la vista desde el primer día, con su sello: lo entregado se lee y lo pendiente dice que está pendiente.

El taller cuenta cómo aprendo a hacer vídeo, con los números y lo que me costó cada intento: quince entradas, siete publicadas.

Y la fábrica, que empezó ayer, cuenta las herramientas. Esta es la segunda.

Cómo funciona por dentro

No hay gestor de blog ni plantilla comprada. Hay un programa mío, build.mjs, que lee las carpetas donde escribo y saca las páginas ya hechas.

Lo que se sube al servidor son páginas quietas, sin nada corriendo detrás.

Por eso el sitio no lleva analítica, ni cookies, ni letras traídas de fuera: nadie sabe quién entra, ni yo.

El aspecto tampoco es de blog a propósito. Está copiado de un parte de turno: papel pautado, un solo color, los párrafos numerados para poder citarlos.

Hay una zona privada con una dirección que no está enlazada en ninguna parte, y ahí leo lo que todavía no ha salido, en el móvil y con la letra de verdad.

Cada borrador trae un botón de publicar, pero el botón no publica desde aquí: me lleva al Deck, que es donde vive lo que tiene consecuencias. La regla es que el blog no ejecuta nada.

Antes de que yo lea una pieza pasa por dos porteros. Uno es el portero de voz, y mide si suena a mí, comparando con lo que escribo cuando escribo a personas.

El otro es el portero de la verdad, y comprueba que los datos duros lleven fuente y que la fuente abra.

Qué costó

Lo más caro no fue montarlo, fue afinar la voz. El primer texto de presentación que salió lo tiré entero: sonaba a folleto de alguien que vende inteligencia artificial.

Ahí aprendí algo que no me esperaba. Escribiendo a personas hago frases de dieciséis palabras, y cuando le doy instrucciones a una máquina me voy al doble.

El texto que suena a mí es el corto, y eso ahora se mide antes de enseñármelo.

La otra factura fue tonta y por eso la apunto. El sitio podía estar abierto o cerrado al público, y ese estado no se guardaba en ninguna parte.

Así que cualquier despliegue hecho sin acordarse de la bandera volvía a cerrar el blog entero, en silencio. Peor: cada vez que yo pulsaba «publicar» en un borrador, el libro perdía la indexación.

Se arregló ayer: el estado se guarda en un fichero, site/.modo, y publicar una pieza ya no puede cambiarlo.

Dónde decido yo, y qué queda abierto

Aquí decido todo lo que se ve, y eso no lo voy a delegar.

Nadie publica por mí. Los capítulos me llegan escritos, con las preguntas al pie, y yo tacho, corrijo y decido qué sale.

Lo que sigue abierto es LinkedIn, que es justo por donde empezó todo esto. Agosto se va a acabar y no he publicado ni un artículo.

El libro ya está en la calle con tres capítulos, así que el miedo escénico se me está quedando sin excusas.

Anexo · Figura
Portada del sitio: el título «Matar al mono», la ficha con autor e idioma, y debajo una tabla de siete filas —una por capítulo— con folio, acto, periodo, título, escenario y estado; los tres primeros llevan el sello «entregado» y los demás dicen «pendiente».

El registro: la obra entera a la vista, con lo que falta marcado

Pantallazo del sitio real, tal como está publicado hoy.

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